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lunes, 28 de agosto de 2006

Consecuencia del discurso paradigmático y las dimensiones subyacentes a la acción docente

Recorramos un templo azteca en nuestra imaginación ¿Qué vemos? Lo que podríamos indicar son muchas cosas, pero sin lugar a dudas una de esas cosas es una tónica de las culturas prehispánicas; figuras geométricas, más precisamente, escalonados y espirales. Un ejemplo presentado desde esta imaginería nos introducirá al desarrollo de un tema no menor en la investigación, como son los paradigmas.

Una mirada simple y general abrirá el tema al lector, mirada que se hará más concreta en una caracterización de los principales paradigmas y de su relación con el accionar del docente, para luego entrar de lleno en la interrogante que motiva este ensayo. Sobre la última, proponemos nuestras hipótesis, pero admitimos que nuestro interés no está en aventurarnos a plantear una conclusión, sino más bien a dejar la pregunta abierta a la reflexión y discusión.
¿Podría el lector decir qué representa el dibujo? Aceptaremos que estas líneas ubicadas en secuencia de forma perpendicular entre ellas nos evocan con celeridad la imagen de una escalera. Tanto nuestra experiencia con los objetos y sus representaciones, como la cultura en la que estamos insertos pueden conducirnos a interpretar este dibujo como una escalera.


Ahora imaginemos lo que un hombre mesoamericano que habitó el continente antes de la llegada de los europeos interpretaría al ver la imagen: para él se trataría nada menos que de una serpiente. Probablemente le resultaría tan evidente que nuestra pregunta le haría gracia. Por lo que sabemos hoy en día acerca de las culturas precolombinas, este dibujo era una imagen recurrente en los decorados de construcciones y objetos de uso cotidiano, no por un particular valor ornamental, sino por constituir una constante rogativa a la divinidad. El escalonado, que representa a la serpiente, que a su vez se asocia al agua en movimiento, implica para el hombre precolombino un poderoso símbolo de plegaria por la lluvia.

Sin duda alguna, los habitantes de América antes de la llegada de los europeos difieren sustancialmente de nosotros, como habitantes de la América actual. En este caso particular (que puede resultar una simplificación exagerada) el escalonado para ambas culturas adquiere connotaciones diferentes no porque veamos representados elementos distintos, sino porque nuestra mirada sobre el objeto se enmarca dentro de toda “una visión de mundo, una perspectiva general, un modo de desmenuzar la realidad” (Patton, 1978), a lo que, a grandes rasgos, denominamos paradigma.

Pese a las diferencias individuales que todos poseemos, los paradigmas Se nos presentan más bien generales y agrupando culturalmente a las personas que tienen ciertos lineamientos al observar la realidad, que las distinguen de otras. Por eso, podemos identificar al menos tres paradigmas principales (o los más comunes en investigación): positivista, interpretativo y socio-crítico. Sin ánimo de entrar en distinciones acerca de cómo debería ser la práctica de un docente respondiendo a cada paradigma en particular, dado que no es el objetivo de este ensayo, un caracterización a grandes rasgos indicaría que:
El paradigma positivista tiene como finalidad explicar y predecir para controlar, sus explicaciones se encuentran determinadas generalmente por razonamientos deductivos y cuantitativos, considera la realidad como objeto de conocimiento al margen de la existencia del sujeto, además de considerar la fuente del conocimiento en interrelación entre razón y experiencia.

El paradigma interpretativo tiene como finalidad comprender e interpretar los fenómenos, sus explicaciones se encuentran determinadas generalmente por razonamientos inductivos y cualitativos, considerando la participación divergente, y planteándose la realidad como objeto de conocimiento unida a la existencia del sujeto, además de considerar la fuente del conocimiento en interrelación entre experiencia y razón con influencia de factores.

Cuando tratamos sobre el paradigma crítico debemos tener claro que la finalidad es criticar e identificar el potencial de cambio, además de liberar de técnicas, metodologías y sistemas que no permitan este potencial de cambio. Sus explicaciones se encuentran determinadas principalmente por razonamientos inductivos y cualitativos, considerando la fuerza del pensamiento liberador y divergente, planteándose la realidad como objeto de conocimiento unida a la existencia y las ideologías del sujeto, además de considerar la fuente del conocimiento en interacción, con influencia de los compromisos de liberación y participación.

Del mismo modo en que los paradigmas orientan nuestra mirada frente a los problemas cotidianos, lo hacen también frente a las posturas que adoptamos ante grandes temas y el trabajo profesional. Realicemos un ejercicio: usted es un buen familiar y desea llegar a su casa después de un paseo muy feliz aunque muy cansado. ¿Por dónde y por qué decidirá usted seguir un camino? Existen varias opciones. Si el ser un buen familiar es parte de su ser natural y priman sus sentimientos por sobre su cansancio, preferirá seguramente llegar a su casa por la vía en la que se topará con algún miembro de su familia para saludarle. Si en usted prima el deseo de un descanso tal vez su opción sea ir directo a casa. Vemos luego el pensamiento al querer ir a casa sopesando y reflexionando sobre su objetivo y el cómo llegar a casa. De la misma manera (aunque no con el mismo nivel de complejidad, obviamente), cuando los docentes ejecutan su trabajo, éste implica procesos de pensamiento a través de los cuales el profesional va dando forma a su práctica, en los que el modo de entender desde la realidad en sí hasta la práctica pedagógica, pasando por otros muchos elementos, es fundamental al definir el cómo de esa práctica.

Volviendo al ejemplo del buen familiar, tal vez este entienda el concepto de familia muy distinto de cómo lo entiende un vecino que se pelea todos los días con toda su familia. Asimismo, tanto el buen familiar como el mal familiar comprenden el concepto familia, pero tienen objetivos distintos para con ellas y manifiestan acciones completamente diferentes. Incluso podría darse la situación de que aquel padre de familia iracundo diga constantemente que comprende la familia como una entidad maravillosa de comprensión, cuando en la práctica se deja entrever un concepto absolutamente distinto.

Remitámonos a otro ejemplo: cuando los artistas se hacen a la tarea de lograr la máxima belleza con su obra, un aspecto importantísimo es qué es lo que ellos distinguen por belleza, qué cosas son bellas y cuáles no lo son, así como cuál es la forma o la técnica que les permitirá con mayor acierto cumplir su cometido. Asimismo los docentes tienen sus propias ideas acerca del objeto de conocimiento, del cómo llevar a cabo su práctica para que sea efectiva, y qué es lo que consideran una práctica efectiva.

Por otro lado, el artista que se encamina en la búsqueda de la belleza puede concretar una producción artística que carezca de valor estético, aún cuando sus intenciones eran más bien ambiciosas. Puede ser que ese artista tuviera una idea del cuerpo hermoso tan virtuosa como la de Miguel Ángel, pero su ejecución se alejara enormemente del ideal.

Los docentes no están libres de tales limitaciones. Puede ser que se tenga cierta idea acerca de cómo debiera ser una clase que cumpliera a cabalidad el cometido de lograr que los alumnos aprendan, una idea que por cierto, está construida sobre ciertas orientaciones paradigmáticas. Sin embargo, las buenas intenciones de los docentes no siempre se reflejan en resultados favorables. Hay algo que sucede entre el planteamiento inicial y la práctica, sobre lo cual expondremos más adelante.

Un punto debemos tener claro antes de seguir adelante ¿Cómo podemos evidenciar la existencia de un paradigma? Sandin (2003) nos menciona que existen “tres cuestiones básicas relacionadas con el objeto de conocimiento o la realidad que se desea estudiar (...), que son las dimensiones: ontológica, epistemológica y metodológica”

A priori, queda bastante claro la dimensión metodológica, por cuanto la palabra nos sugiere método, técnicas y estrategias, pero ¿Qué es ontológico y epistemológico?

De los conceptos filosóficos rescatamos el término onto, el ser, y así quedamos en una lógica del ser, o en palabras más simples es aquella respuesta que entregamos individualmente a la pregunta ¿Las cosas o fenómenos existen a pesar de mi o porque yo digo que existen?

Luego tenemos la episteme que es conocimiento y las aproximaciones que tenemos a este, es decir, la relación que tenemos con nuestro objeto de conocimiento. ¿Creemos que es posible o no es posible conocer en su totalidad o sólo podemos conocer la función del objeto de conocimiento? ¿Dónde está el origen del conocimiento, en la razón, en la experiencia o en la interrelación entre ambas posibilidades? (Apuntes del curso EBA4600 secc 2, Ciencias Sociales, profesor pontificia Universidad Católica Marcelo Garrido)

La experiencia como estudiantes de pedagogía nos ha mostrado que, si bien nos preguntamos continuamente acerca de nuestra posición desde un nivel metodológico, nuestra conciencia frente al propio paradigma desde un nivel ontológico y epistemológico es casi nula. Si no tenemos una idea acerca de la posición que estamos ocupando ¿cómo podemos ser consecuentes con ello?

Advertimos, además, que existen otras variables externas al docente que pueden impedir que su práctica sea concordante con el modo que él mismo adopta para enfocar la práctica docente. Una de estas variables podría estar en las modalidades en que se evalúa su trabajo a través de evaluaciones externas. Si los alumnos de un docente constructivista, cuyos intereses están enfocados a lograr la formación de personas capaces de elaborar creativa, independiente y valorativamente todo tipo de soluciones a las distintas problemáticas o fenómenos a los cuales se enfrente, probablemente obtenga resultados poco alentadores si sus alumnos son evaluados con criterios academicistas.

¿Cuán concordante resulta entonces el paradigma desde el cual un profesor está mirando la educación y lo que, en definitiva, lleva a cabo en el aula?

Según nuestra experiencia, suele suceder que nuestras expectativas pueden ser ambiciosas y sobrepasan los objetivos posibles de realizarse. Esto podría ser una causa de incongruencia, o en mejores palabras, de la inconsecuencia de nuestro accionar pedagógico con nuestros objetivos previos o, como señala Wittrock (1989), con nuestras teorías y creencias. A nivel paradigmático el no tener conciencia de los niveles ontológicos o epistemológicos, que vienen a corresponder con parte de aquellas teorías y creencias que sustentan nuestras expectativas, puede (y en esto admitimos no poseer más evidencia que nuestra propia experiencia personal) implicar que no tengamos una orientación clara y bien definida en un plano metodológico. Si bien la práctica pedagógica está influida por una serie de variables, los procesos de pensamiento en base a los cuales él actúa tienen efecto directo incluso en lo que será considerado como elemento constituyente de su actividad. Al no estar el docente en diálogo con sus propias creencias pueden generarse los desacuerdos que ya se hacen comunes. Por otro lado, si el desacuerdo con uno mismo es posible, aún mayor puede ser con la comunidad escolar, los directivos, apoderados (que, por cierto, exigirán resultados), y con el sistema educacional en general.

Pero nuestras dudas acerca de la consecuencia entre el discurso paradigmático y la acción docente no surgen a modo de crítica al ejercicio actual de la docencia (algo que ya es casi una costumbre entre los estudiantes de pedagogía), sino más bien la manifestación de una inquietud con respecto a nuestra propia práctica futura.

4 comentarios:

Clo dijo...

Quisiera aclarar que se ha omitido intencionalmente la bibliografía. Si alguien desea utilizar este trabajo, por favor comuníquese con nosotras. Estaremos felices de compartir.

D _ _ _ _ o dijo...

Todavía las recuerdo trabajando y nerviosas por entregar los informes. Lo que más me gustaba de ustedes es que le ponían harto pino para que todo saliera bien. De seguro cosecharán todo el esfuerzo y dedicación de aquello.

Lady Paper dijo...

^_^ Bueno, aqui estoy... recordando este trabajito... Pronto aportaré mis granitos de arena, pues la práctica me tiene absolutamn ete absorbisda (e realidad son mis estudiante los que son unos idablillos amados. [cómo quiero a estos niños])

Clo dijo...

¿Diablillos? que lindo, ji, ji, ji...
Yo comienzo la próxima semana con el taller de práctica... ¡¡en la escuela de cultura!!!!